CONSULTORÍA PERSONAL

Hay momentos en los que seguir dándole vueltas solo ya no es suficiente.

Puede que lo tuyo sea demasiado privado para contarlo delante de nadie. O que por fuera todo vaya bien y no sepas ni cómo explicar que no estás bien.

Cuatro semanas trabajando solo tu situación, sin nadie más delante.

No son cuatro llamadas. Durante un mes me tienes a mí. Cuatro sesiones que no acaban porque se acabe el tiempo, sino cuando lo de ese día está trabajado. Mi WhatsApp entre sesiones. Y tu caso en mi cabeza todo el mes.

Y sales con la decisión tomada, el primer paso dado y por escrito lo que vas a hacer los treinta días siguientes.

4 semanas · 3 personas a la vez · Sin sesiones de reloj

Solicitar plaza no significa pagar. La leo yo y te contesto en dos o tres días.

QUIZÁ ESTÁS AQUÍ

Puede que sepas qué tienes que cambiar. Y que no quieras contarlo delante de nadie.

No hace falta que llegues con las cosas claras. Puedes saber exactamente qué te pasa o solo saber que así no quieres seguir.

Lo que tienes que contar no se lo has contado a nadie. Ni a tu pareja, ni a tu familia, ni a tu mejor amigo.

Por fuera tu vida va bien. Y encima te sientes culpable por no estar contento con lo que tienes.

Sabes cuál es la conversación que tienes que tener y con quién. Y llevas meses esperando el momento bueno.

No es una cosa: son tres o cuatro a la vez, y no sabes por dónde se empieza.

No sabes ni cómo explicar lo que te pasa. Solo sabes que ya lo has intentado por tu cuenta y sigues en el mismo sitio.

Necesitas que alguien te diga lo que ve, no lo que quieres oír.

Y a veces no es nada de eso. Es que has tocado fondo. Es una adicción de la que no se habla en tu casa. Es un duelo por una muerte que no acaba de pasar, un divorcio, un negocio que se hundió y unas deudas que no se van.

De eso también se habla aquí. Y aquí no hay nadie más escuchando.

DESDE DÓNDE TE HABLO

No te hablo desde un libro. Casi todo lo que puedas contarme lo he vivido yo antes.

Pesé 130 kilos. Dejé los estudios a los 16 y con 23 solté una plaza de oposición aprobada para montar mi primera empresa. Llegué a tener cinco tiendas y las perdí todas, una a una, con las deudas encima.

Volví a levantarlo. Y en 2021 me divorcié y me hundí otra vez: meses sin querer mirarme al espejo y un negocio que se fue abajo mientras yo no podía atenderlo.

Conseguí el sueño de mi vida y seguí sintiéndome vacío. Eso también lo sé.

Y una parte de todo eso la pasé sin contárselo a nadie. Aguantando por fuera, poniendo buena cara en la tienda y llegando a casa sin saber qué hacer con lo que tenía dentro. Tardé años en entender que eso no es ser fuerte: es lo que hace que se alargue.

Lo que a mí me sacó no fue leer más ni proponérmelo otra vez. Fue sentarme con alguien que me hizo las preguntas que yo no me estaba haciendo. Y sigo teniendo a esa persona en mi vida.

Hoy sigo al frente de mi tienda, soy padre y soy paracaidista. No dejé los negocios para ponerme a hablar de la vida: sigo llevando el mío mientras hago esto.

Por eso, cuando me cuentes lo tuyo, no vas a tener que explicarme cómo se siente. Y no voy a decidir por ti: voy a hacerte las preguntas que a mí me ordenaron la cabeza, hasta que veas tu camino y decidas cuál coges.

QUÉ ES LA CONSULTORÍA

No son cuatro sesiones sueltas. Es un mes trabajando en ti.

Antes de la primera sesión me cuentas por escrito qué estás viviendo. Así llegamos al primer día sabiendo por dónde empezar, y no gastamos una sesión entera en presentaciones.

Y a partir de ahí, cada semana tiene un trabajo. La primera es para ver qué te está pasando de verdad, que casi nunca es lo que parecía al principio. La segunda, para afrontar lo que llevas tiempo esquivando. La tercera, para decidir. Y la cuarta, para que salgas sabiendo qué vas a hacer los treinta días siguientes.

En las sesiones te pregunto hasta que aparece lo que no estabas viendo, te digo cómo lo veo y te digo también lo que no te va a gustar oír. Yo no decido por ti. Lo que hago es que llegues a la decisión con todo delante.

Y entre sesiones tienes mi WhatsApp. No es un botón de emergencia ni una consulta abierta a todas horas: es que si el jueves te pasa algo o tomas una decisión, me lo cuentas ese jueves y no el martes siguiente.

Ahí está la diferencia con cualquier consulta de una hora. Tu caso no se queda esperando a la próxima sesión: está encima de la mesa cuatro semanas seguidas.

Aquí no vienes a hablar de tu vida durante cuatro semanas. Vienes a cambiar algo de ella.

QUÉ PUEDE CAMBIAR

En cuatro semanas puedes dejar de dar vueltas a lo mismo.

No vengo a darte una respuesta hecha ni a decirte cómo vivir. Vengo a que veas lo que llevas tiempo sin ver, y a que hagas algo con eso antes de que acabe el mes.

Vas a saber qué te está pasando de verdad. No lo que llevas años contándote: lo que hay debajo.

Vas a saber qué depende de ti y qué no. Y vas a dejar de pelearte con lo que no vas a cambiar por mucho que insistas.

Vas a afrontar la decisión, el miedo o la conversación que llevas tiempo esquivando. Esa que ya sabes cuál es.

Vas a poder decirlo en voz alta. Puede que sea la primera vez que lo cuentas entero, y solo eso ya cambia cómo lo ves.

Vas a decidir con alguien delante. No a las tres de la mañana dándole vueltas tú solo, que es como lo has estado haciendo hasta ahora.

No te voy a prometer que salgas con la vida resuelta. Un mes no da para eso.

Sí da para que dejes de estar parado, para que tomes la decisión y para que salgas con los treinta días siguientes escritos con tu letra.

Llevas tiempo pensándolo tú solo. Este mes lo piensas conmigo y sales con algo decidido.

QUÉ INCLUYE

Esto es lo que hay dentro de esas cuatro semanas.

Cuatro sesiones a solas. Sin nadie más delante y sin reloj: acabamos cuando lo de ese día está trabajado.

Mi WhatsApp durante todo el mes. Para lo que salga entre sesiones: una decisión que has tomado, algo que ha pasado, una duda que no aguanta hasta la semana que viene. No es una línea abierta a todas horas ni un sitio donde exigirme respuesta inmediata: te contesto yo, cuando puedo, y siempre antes de la siguiente sesión.

Una de las tres plazas. Solo llevo tres a la vez. No es escasez de marketing: es que con más no podría tener tu caso en la cabeza todo el mes.

Tu caso preparado antes de cada sesión. Me cuentas por escrito qué estás viviendo antes de empezar, y llego a cada sesión habiéndolo mirado. Así no perdemos ni un minuto poniéndome al día.

Mis próximos 30 días. El documento con el que sales al terminar. Qué has decidido y qué vas a hacer cuando esto acabe.

Las sesiones son online. Si vivimos cerca y se puede cuadrar, alguna puede ser en persona, pero no hace falta.

Sin grabaciones. Aquí vas a contar cosas que no has contado en voz alta todavía, y eso no se graba.

Y no hay nada más. No es un curso, no hay vídeos ni temario. Es un mes de trabajo con una persona.

Solicitar plaza no significa pagar. La leo yo y te contesto en dos o tres días.

CUÁNDO TIENE SENTIDO A SOLAS

Hay cosas que puedes trabajar en grupo. Y otras que necesitas hablar a solas.

Yo tengo dos formas de trabajar contigo y no son la misma cosa. La Sala es un grupo de doce personas durante cuatro semanas. Esto es un mes entero conmigo, solo tú y yo.

Lo que tienes que contar no quieres contarlo delante de once personas.

Tu situación necesita tiempo para entenderla bien, y en un grupo tendrías tu turno y ya está.

No es una cosa: son varias mezcladas y hay que ordenarlas antes de decidir nada.

Necesitas que durante estas cuatro semanas toda mi atención esté puesta en ti.

Si no te encaja nada de eso y lo que tienes se puede hablar delante de más gente, entonces lo tuyo es La Sala. Ahí tu caso se trabaja una noche, y las otras tres aprendes de los casos de los demás.

Y si algo de las cuatro es lo tuyo, esto es tu sitio. Es la única forma de trabajar conmigo en la que no compartes mi atención con nadie.

CÓMO SE ENTRA

Solicitas, la leo yo, y si veo que puedo ayudarte te lo digo.

Y no hace falta que estés hundido. Casi todo el que llega aquí tiene una vida que por fuera funciona, o una que aguanta como puede, y una cosa dentro que lleva años sin resolver.

1. Rellenas la solicitud. Cinco minutos: quién eres, qué te está pasando y qué necesitas trabajar.

2. La leo yo, no un equipo. Contesto en dos o tres días.

3. Si veo que puedo ayudarte, te escribo por WhatsApp con las fechas y con cómo empezar.

4. Si no veo que pueda ayudarte, también te lo digo. Y te explico por qué, y a dónde creo que deberías ir.

5. Empezamos cuando haya hueco. Solo llevo tres a la vez, así que puede que haya que esperar unas semanas.

No te voy a pedir dinero antes de hablar contigo. Y solicitar no te compromete a nada.

El precio está dentro de la solicitud, en el último paso. No lo escondo: es que antes de decirte lo que cuesta prefiero que sepas exactamente qué estás comprando, y para eso tienes que haber leído hasta aquí.

Te aviso de lo que vas a encontrar: es la forma más cara de trabajar conmigo, y se puede pagar en tres veces. Míralo sin compromiso: nadie te va a llamar por haber enviado tu solicitud.

Trabajo con tres personas a la vez y no es para que creas que quedan pocas plazas. Es que si trabajo contigo, quiero poder pensar en lo tuyo durante un mes, y con más de tres eso no se puede.

Llevas dándole vueltas tú solo el tiempo suficiente. Y ya sabes lo que pasa si lo dejas para más adelante: pasa lo mismo que ha pasado hasta ahora.

Solicitar plaza no significa pagar. La leo yo y te contesto en dos o tres días.